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Antón Chéjov y Olga Knipper, Correspondencia (1899-1904). Traducción y notas de Paul Viejo. 2008, Páginas de Espuma. 186 páginas.

Páginas de Espuma ha sido la encargada de abrirnos una ventana indiscreta a la intimidad de la pareja de Antón Chéjov y la actriz de la compañía del Teatro del Arte de Moscú Olga Knipper. Una intimidad que está contenida en las cartas puesto que el escritor y la actriz tuvieron que consumar su amor por escrito.

La colección que nos presenta Páginas de Espuma, con una traducción no muy buena pero que resalta su categoría epistolar descuidada a veces y llena de vacíos y sobreentendidos (generalmente bien aclarados en las copiosas notas, y con un extenso glosario de los nombres citados), abarca el periodo entre 1898, momento en que comenzó la relación de la pareja, y 1904, momento de la muerte de Antón Chéjov.

Chéjov es uno de esos autores que, por sus relatos, genera una especie de cariño y de complicidad con sus lectores. En sus cartas, tan pronto se muestra tierno y cómplice como paternal, sometido con cierta distancia a los cambios de humor de la actriz, que vivía en la tensión constante del espectáculo. Su compañía, que contaba con hombres tan importantes para las artes escénicas posteriores como Stanislavski, representaba las obras de Chéjov, sobre cuyos estrenos ella iba dando cuenta al autor.

Chéjov es, dejando aparte a obsesivos de la carta como Gustave Flaubert, uno de los autores del finales del XIX que ha dejado un corpus más voluminoso para gozo de los editores y estudiosos. De las ediciones de cartas que se suelen manejar en español, en las que hay más de una carta de las que contiene este volumen, generalmente se resalta la visión de cronista del autor sobre las gentes que le rodean y sobre el desarrollo de sus propios relatos (algunas, como las cartas a Gorki deberían ser canónicas en los talleres de creación literaria). Sin embargo, este concentrado sentimental nos permite conocer su faceta de hombre y amante. Y tan pronto provocan un gran interés como un ligero pudor. 

¿Hasta qué punto es nuestra necesidad de saber más sobre lo que los escritores fueron con otras personas una manifestación de cotorras literarias? ¿Cuánto importa la vida sentimental de un autor imaginativo y observador como Antón Chéjov? Dice la contracubierta de la edición que la edición ofrece una visión “de los entresijos de una historia de amor que por momentos podría leerse como una historia de amor”. Una historia de amor torpe y llena de datos recogidos de un corte transversal en la vida de los protagonistas. Una historia de amor con todos los detalles que un mal escritor primerizo no omitiría, en palabras de el mismo Chéjov, posiblemente en la selección de cartas a escritores que publicó Alba hace unos años.

Y sin embargo, es cierto. Pero es así porque sabemos que fue la misma mano que escribió “Tío Vania” y “La gaviota” la que, con la cursilería sólo permitida en la intimidad de un autor de la cruzada rusa contra la cursilería sentimental, llamaba a su amada “cachorrilla, mi cosa”. 

En definitiva el libro ofrece tres grandes enseñanzas:

Una, bien obvia, es el amor de Chéjov en la decrépita recta final de su vida, que tuvo como escenario Yalta y varios hospitales de reposo. El retiro del autor y la vida ajetreada de la actriz, que los mantuvieron siempre alejados, y que no consiguieron destruir el amor.

Otra, cómo era la vida de una actriz de una compañía y un autor de una importancia capital para la historia tanto de la dramaturgia como de la escena teatral. Este libro es, en ese sentido, uno que cualquier estudiante de teatro de cualquiera de sus disciplinas debería leer en sus vacaciones.

Y por último, una especie de aviso a cualquiera de los grandes escritores que leerán este libro: en caso de tener una relación como esta por carta o por e-mail, resulta conveniente destruir todos los mensajes cuando los achaques preludien el final. O si no, dejar solamente los más brillantes, los más poéticos, como este que encuentro en el libro de cartas, y que es una de las muchas piezas de relojería literaria que Chéjov deja caer a su amada:

“Telegrafíame 25 rublos en palabras, y te juro que, a la vuelta, te daré mi amor durante 25 años”.

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