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Aductos al “Me gusta”, por Pablo León
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Señoras, series, chonis o rarezas. Grupos y páginas de Facebook encumbran la insolencia y el humor ácido. A divertirse.

Nos dijeron que las redes sociales nos iban a hacer la vida más fácil, que íbamos a poder mantener el contacto con nuestros amigos, que podríamos encontrar a los compis del colegio —esos que en el fondo detestábamos y que no nos importa absolutamente nada lo que están haciendo ahora con su vida— y que si teníamos cientos de seguidores, seríamos los más populares. Pero, además de todo lo anterior, Facebook se ha convertido en lugar de reunión de freakies, comprometidos o simplemente fans. “Los grupos en Facebook son herramientas de adhesión. Esa adhesión no supone aporte, no supone esfuerzo, no implica contribuir; sólo mostrar simpatía o antipatía. Es primario y superficial, casi frívolo”, sentencia David de Ugarte, ciberpunk experto en redes sociales y autor del libro El poder de las redes.

Aunque surgieron con un fin publicitario y promocional, el surrealismo y el humor han acabado por dominar los perfiles sociales, los grupos y las páginas temáticas. “No queremos que nos vendan nada, ni ONG, ni causas; queremos reírnos de todos”, explica Manu González, de 35 años, perteneciente a 298 grupos (el límite son 300) y fan de más de 1.500 páginas. No hay parafilia que no tenga representación en Facebook, desde los plátanos del Lidl hasta la nariz de Belén Esteban, sin olvidar el activismo político. Seleccionamos grupos por los que merece la pena hacer click.

AL FILO DE LA LEY

“No insultar, ni amenazar, ni abusar”. Ésas son las condiciones para que Facebook no cierre una página. A partir de ahí, todo vale. Nadie se va a hacer fan de un hipermercado, pero sí de las Señoras que van a comprar plátanos al Lidl y acaban de after (a principios de enero se descubrió que una partida de bananas escondía cocaína; hoy existen más de 20 perfiles dedicados al tema). También se dice por ahí que El 94% de los billetes tiene trazas de los plátanos del Lidl. Jugar al límite de la ley incrementa el atractivo del usuario, que puede desde buscar 50 millones de españoles que piratean de todo menos a Ramoncín hasta jalear a Señoras desequilibradas que empujan al Papa. Craig Lynch, un raterillo que se fugó de una prisión inglesa, actualizaba su muro mientras la policía le buscaba. Sigue huído; su perfil, censurado, pero sus más de 42.000 fans siguen su día a día en el grupo de amigos de Craig.

SEÑORAS: UN NUEVO UNIVERSO

Si hay una categoría indiscutible entre estos grupos, es Señoras que. Las que se hacen pis porque en TVE ya no hay publicidad; las que se pelean por los caramelos en la cabalgata de Reyes; las que se golpean las tetas al abanicarse, o las que guardan las mejores bragas para cuando van al médico. La lista es interminable. Todo comenzó con las que se ponían una bolsa en la cabeza cuando llovía y con las noticias falsas del periódico online El Garrofer, que dedica una sección a las peripecias de ellas y sus maridos. No tiene sentido, pero una vez se entra en este universo de supermercados y palillos en la boca, no se sale. Hay un perfil que lo resume todo: Miro el nombre del grupo, me río, me uno y jamás vuelvo a mirarlo. Click. “Me gusta”.

EL PODER CATÓDICO

Mientras los picos de audiencia frente al televisor descienden cada año, la Red ya acapara un tercio del tiempo libre de los españoles. Los que tienen perfil en Facebook invierten una media de 55 minutos al día para reseñar filias, fobias o ver pedazos de programas que acaban encumbrando. Así, las nuevas estrellas catódicas, vía red social, son la joven que la lió parda al verter ácido clorhídrico en una piscina; dos desequilibradas vecinas de Valencia que aireaban sus peleas en Callejeros al grito de “me dice puta, puta, puta, sin ser nada de eso yo”, o la señora que vomita en el plató de Saber vivir. Todo con permiso de Los Simpson, que lideran el share y la Red con grupos como ¿Qué m**** esconde Marge en su pelo?

ACTIVISTAS UNIDOS

Mucha gente pasa de los partidos, pero escribe en el muro de Odio a Esperanza Aguirre o comenta en Zapatos para Bush. “Facebook ha aportado a los cínicos una manera de expresión con el placer añadido de ser políticamente incorrectos”, continúa Juan Soto, que ha creado más de 300 páginas. La insolencia triunfa con iniciativas como Invitemos a tapas a Aminatu Haidar o los casi 40.000 seguidores de la Miniatura del Duomo de Milán (la estatuilla con la que fue golpeado Berlusconi). Pero también hay política real. El Manifiesto de Internet paralizó una ley que se saltaba la orden judicial para cerrar webs P2P mientras que el grupo De Cospedal debe ser demandada ha colocado a la secretaria del PP ante el juez.

LA CULTURA ES POP

“Las redes sociales han pasado de ser una herramienta para conectarnos a una infraestructura más compleja en la que se comparten afinidades e inquietudes”, explica el gurú de la web Mike Walsh en su libro Futuretainment (Phaidon). Así, cuando un moderno se une al grupo de Modernos que miran mal a otros modernos porque son más modernos que ellos, el resto va detrás. Lo mismo ocurre con los más de cuatro millones que echan de menos a Michael Jackson o con los seguidores de la princesa choni que no dudan en afirmar que A Belén Estebán le va a durar su nariz lo que a mí la batería… 4 rayitas. “Las empresas intentan usar estas inercias para colocar publi, pero si se rompe el estilo underground de los grupos, no funciona”, explica el publicista de medios online Juan Soto.

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