Etiquetas

, , , , , , , , , ,

«Los temas que nos dan miedo vivir son los mejores para escribir»

10.12.11. ALFONSO SOLER en La Verdad de Murcia.
Hace unos días, Juan Soto Ivars publicó su primera novela, ‘La conjetura de Perelmán’, aunque previamente también ha coordinado dos antologías de cuentos, ‘Sobre tierra plana’ y ‘Mi madre es un pez’, con cuentos de Eduardo Mendoza y Alberto Olmos, entre otros escritores. La vida de este joven aguileño, de 26 años, se relata a caballo entre Barcelona y Águilas, dos polos opuestos en los que Soto ha encontrado un equilibrio desde donde alimenta su particular universo.
-¿Por qué esta novela y no otra?
-La novela parte de un personaje real, Grigori Perelmán, el excéntrico matemático ruso célebre por resolver la conjetura de Poincaré. Perelmán rechazó la Medalla Fields, considerada el Nobel de las Matemáticas, y el premio de un millón de dólares del Instituto Clay. Vive con su madre en un pisito enano de San Petersburgo y allí se mantiene ajeno al mundo y a la fama. Cuando leí sobre él en un periódico sentí que podía convertirse en un gran personaje de ficción. La novela transcurre en una Rusia sospechosamente parecida a la de Putin, pero caricaturizada y grotesca. Rusia me fascina y asombra, es una tierra donde se ha llegado al extremo en todo: el terror y la sensibilidad. Bien, en la novela tenemos a una americana jovencísima y muy vanidosa envuelta en una peligrosa trama de violencia que gira alrededor de su vecino, Perelmán. Además, exploro la relación (ficticia) entre ellos, basada en el testarudo silencio del matemático. Aquí hay un tema fundamental que me obsesiona: el silencio en las relaciones. ¿No te pones frenético cuando tu novia no te coge el teléfono en toda la tarde?, ¿cuando alguien que te importa no responde a tus preguntas?. Yo quería averiguar qué ocurriría a unos personajes si estaban junto a un genio que no habla, que no da ninguna señal, mientras los hechos se dirigen hacia el caos y el peligro.
-Tu abuela tiene mucho que ver en esta novela.
-No está inspirada en mi abuela, pero con esto hay una buena historia. La novela está dedicada a mis abuelos y en mi nota biográfica pone que recibí la beca Pepita Moreno para Jóvenes Creadores. Pepita Moreno es mi abuela aguileña. Durante los seis meses de escritura estuve alejado del mundo en Águilas y cada día iba a casa de mi abuela para comer con ella. Era lo más parecido a una beca para escritores que he tenido. Por desgracia para otros jóvenes artistas, la beca Pepita Moreno solo me la dan a mí. Sí, admito el enchufe. En cuanto a los recuerdos, son muchos y siguen produciéndose, por fortuna tengo conmigo tres abuelos y cada cual tiene una personalidad más encantadora. ¡El cariño de los abuelos es tan desinteresado!… No encuentro nada mejor, menos conflictivo que eso.
-¿Quién te ha marcado en tu desarrollo personal y creativo?
-Mi escritor fetiche, sobre el que dicen que soy un experto, es Knut Hamsun, premio Nobel noruego. Precisamente un amigo murciano me regaló su novela ‘Hambre’ cuando éramos adolescentes, y creo que fue el fuego que encendió la mecha de mi estilo.
-¿Escribes por placer, por necesidad personal o por dinero?
-Me han hecho últimamente esta pregunta muchas veces y sólo se me ocurre una respuesta. Puede parecer lacónica pero no lo es: escribo porque si no, no escribiría.
-En cultura, España también está dividida en dos, el norte y el sur.
-La cultura en España, más que dividida, está fragmentada. Para promocionar como escritor es mejor estar en Madrid o Barcelona, allí es donde puedes vagabundear por los saraos, conocer a editores y a escritores y aprender de la rica vida cultural de estas ciudades. Ahora con Facebook se ha atenuado este protagonismo. Facebook es una gran ayuda para darse a conocer en círculos literarios estés donde estés. Pero, sin embargo, para escribir, no hay nada como un invierno en Águilas o el retiro que a uno le venga más a mano.
-¿Cómo describirías a Águilas en una novela?
-Con el pueblo de uno siempre hay una relación de amor-odio, así que una comedia. Una comedia surrealista llena de voces e historias locales.
-Águilas tiene mucho de ese silencio del que hablas, sobre todo en invierno. En el proceso de creación de tus relatos, ¿te ayuda más el silencio o la comunicación?
-El proceso de un escritor vocacional, lo que por desgracia es mi caso, abarca toda la vida. Hablando, viviendo, experimentando es como se llenan de carbón las calderas de la literatura. Luego, cuando la máquina se pone en una dirección y sabes a qué novela te diriges, es fundamental aislarse. El ruido de los pistones y las ruedas es el tecleo del ordenador, y es todo el sonido que me acompaña cuando escribo.
-¿Tienes algún tema sobre el que te de miedo escribir?
-Al contrario: los temas que nos dan miedo vivir son los mejores para escribir. Espero que los lectores venzan algún miedo leyendo.
-¿Has llegado a tener obsesión por algún libro?
-Cada libro tiene que ser como una obsesión de equis páginas. Eso significa que funciona. No soy muy amigo de la lectura esporádica, me gusta abrir el libro y no cerrarlo hasta que ha terminado. Si un libro se hace de rogar, suelo dejarlo a medias después de identificar qué es lo que está fallando. El último libro con el que me he obsesionado es ‘Libertad’ de Jonathan Franzen. Como escritor me obsesiono con temas muy concretos y de ahí sale todo lo demás. En ‘Perelmán’, el silencio. Otros temas que me obsesionan son la infidelidad, el cansancio y la violencia. Sobre todo ello hay siempre mucho que escribir.
-¿Qué te parece que un ensayo político como ‘¡Indignados!’ esté entre los libros más vendidos?
-Hay dos posturas frente a esto, porque ‘¡Indignaos!’ concretamente me parece un libro flojísimo: la de los intelectuales ‘snobs’ que desprecian al lector por consumir algo de corte simplista, y la de quien sigue escribiendo sin pensar en eso y trata de conectar con el lector, misión siempre improbable. Por salud mental, me ciño a la segunda. Respecto a ‘Indignaos’, en concreto, creo que refleja hasta qué punto nuestra sociedad ha aceptado la retórica simplista de los políticos. Es un libro lleno de eslóganes y con muy poco fondo. A mí me indigna más otro best-seller, ‘La crisis ninja’ de Leopoldo Abadía, donde se explica fácilmente qué es lo que debería enfurecernos a todos.
Anuncios