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Great Expectations

Por Sergi Bellver.

Columna “Bloomsday Menu” | BCN Mes | Noviembre 2011 | pág. 21

El mercado editorial no siempre deja hueco para nuevas voces, pero lo cierto es que cuando tienen calidad acaban por encontrar su espacio, aunque haya quien piense,  como uno de los personajes de Dickens, que no hay “nothing harder than being given your chance”. Novel no es siempre sinónimo de joven, y otros autores publicaron por primera vez este año, con títulos como Apio (Errata Naturae), con el que el artista Gino Rubert (1969) se ha estrenado en la novela. Sin embargo, entre los mejores debutantes de 2011 abundan los menores de treinta años. A la ya imprescindible librería madrileña Tipos Infames acuden (en la foto) Alejandro García Ingrisano (1986), de cuya novela Pitcairn (El Olivo Azul) figura reseña en esta misma página, y Salvador Galán Moreu (1981), ganador del último Premio Caja Madrid por la excelente El centro del frío (Lengua de Trapo). Para Ingrisano, “haber encontrado una editorial seria como El Olivo Azul, en la que prestan atención al texto y valoran mi trabajo”, dice, le “da mucha tranquilidad”, aunque “nadie me ha dejado de hablar a raíz de la novela, lo cual es un poco decepcionante”. Por su parte, Galán sabe, como casi todos, que premio o publicación no cambian nada, que “el cero es siempre la página en blanco” y que “la incertidumbre continuará, pero no deja de resultar estimulante”.

Bajo dos perspectivas diferentes pero con una apuesta decidida por los autores noveles, el sello Papel de Fumar, iniciativa editorial del centro autogestionado La Tabacalera de Madrid, y la editorial barcelonesa Alpha Decay, a través de su colección Minis, nos han traído este año títulos como la novela breve La legendaria rebelión de los fumadores, de Julio Fuertes Tarín (1989), o el ensayo Contra la posmodernidad, de Ernesto Castro (1990). A Fuertes, también músico, le interesa “una relación no profesional con la literatura” y reconoce, inconformista, que su primera novela, con ser honesta, “no apunta siquiera vagamente en la dirección” en la que sigue trabajando como escritor. Castro, también lúcido, comenta que “la experiencia de escribir un libro que sabes que va a publicarse y que, por tanto, tiene un número potencial de lectores que uno no conoce, te obliga a clarificar mucho más tus conceptos y tus ideas”.

Papel de Fumar (con Inés Plasencia) o los Minis de Alpha Decay (con Pablo Muñoz o Michael Cera) apuntan a un público reducido, pero también hay lugar para las tiradas menos modestas con autores noveles, como es el caso del escritor Juan Soto Ivars (1985), cuya primera y ambiciosa novela, La conjetura de Perelmán, llega este noviembre a las librerías de la mano de un sello como Ediciones B: “he querido experimentar y romper la odiosa dicotomía entre lo comercial y lo literario, tan propia de la cultura española”, dice el autor; o de la catalana Jenn Díaz (1988), que contó con un esfuerzo especial de la editorial Principal de los Libros para el lanzamiento de su novela Belfondo. “Trabajan como grandes y se hacen pequeños para quedar a tu misma altura”, dice de sus editores Jenn Díaz, que añade: “No veo una manera mejor de introducirse en un mundo peligroso como éste”.

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