Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Mi primer artículo gonzo para Primera Línea, revista salvaje.

Cuando a mediados de los 80 Semolinika llegó a Barcelona desde su Yugoslavia natal, se encontró una ciudad en la que estaba todo por hacer. 25 años después, esta incombustible de la escena experimental se halla al frente del Antic Teatre, uno de los pocos escenarios verdaderamente independientes que sobreviven en la ciudad. Aquí nos narra su periplo vital. Desde sus inicios punk hasta su relación con las instituciones locales, pasando por su agridulce experiencia junto a La Fura.

Dicen que los más audaces sobrevivirán a esta crisis y los periódicos prometen el cielo a los emprendedores, aunque no falta quien advierte que, más que luz, hay un alud al final del túnel. Contaremos hoy una historia de resistencia. Escenario: terraza bar del Antic Teatre (Verdaguer i Callís, 12), en el barrio de Sant Pere de Barcelona. Una y media del mediodía. Anticiclón con viento suave en el infierno. Al otro lado de la mesa, Semolinika Tomik. No cabe duda de que alguien así necesita un nombre alejandrino. Venida de un país que ya no existe (Yugoslavia) para montar en Barcelona un teatro que no existía (Antic Teatre), habla con nosotros sobre su periplo y su lucha en la ciudad. Llegó en 1985, enamorada de un batería: “Yo había archivovivido siempre en la Yugoslavia de Tito, un país que, digan lo que digan, era próspero, abierto y unido. Recibí una educación exigente, en la que el teatro o la música era tan importantes como las matemáticas. ¿Y qué me encontré al llegar a España? Un atraso abismal”. La decepción fue enorme cuando vio que lo que aquí consideraban escena contemporánea era algo que ya se hacía en Alemania Oriental 20 años atrás. “Me largué a Ámsterdam. Viví el verdadero punk, conocí las mejores escuelas de artes escénicas de Europa y regresé a Barcelona”, recuerda.
¿Y seguía todo atrasado para alguien que venía de Amsterdam?
Casi todo. En Barcelona se consumían las drogas más punteras. Las mismas drogas que en todas partes. Pero rápidamente empezó a calar el speed entre los punks de aquí, y al concierto de punk se iba como a la guerra. El speed es muy bueno para guerrear. Sin embargo, siempre he pensado que en España se usan mal las drogas, por eso dejé de consumir. En Ámsterdam se hacían cosas maravillosas gracias a drogas más introspectivas, especialmente el hachís…
¿Y por qué volviste de Ámsterdam?
¡No soportaba el frío!
Romper fronteras
Semolinika regresó a España y montó un grupo punk femenino, las Poppins, cuyo mayor éxito, ‘Jesus Christ Raped Me’ (Jesucristo me violó) todavía puede encontrarse en páginas webs del mundillo underground. Pero a la croata no le bastaba el punk. En 1995, fichó por la compañía La Fura dels Baus, después de que un ojeador echase un vistazo a los espectáculos que montaba con tres amigas. Se metían en el Mercat de les Flors. Ella, con la batería, y sus compañeras haciendo el cafre. La Fura le ofreció una sustitución, pues necesitaban una mujer corpulenta con buenas dotes para la danza contemporánea. “Hacia 1998, yo estaba ya hasta los cojones de la Fura. Es fácil que algo rompedor se acomode”, recurda la croata. “El sistema es muy versátil, mucho más que el ingenio de los que quieren escaparse. Los espectáculos de La Fura han sido importantes, siguen siéndolo, si quieres, pero ver a actores desnudarse y hacerse heridas no es lo que yo entiendo por investigación”.
¿Decidiste entonces montar tu propio teatro?
Primero volví a mi país. Allí habían caído bombas, se habían disparado metralletas, habían violado a mujeres. Mi país había sido destruido por los nacionalismos enloquecidos. Al volver a España monté ‘Body Safe(ed)’. En el escenario, dos mujeres enterradas hasta la cabeza para explorar sobre la cautividad, el abuso…
El cuerpo, tierra de revolución
Ya con ‘Body Safe(ed)’, su primer espectáculo ambicioso, Semolinika cosechó premios y viajó a geografías tan aplastadas como África. Aunque hasta 2003 continuó trabajando con La Fura, ensayaba sus propios espectáculos en casas ocupadas y locales de lo más variopinto.
La investigación escénica precisa un cuarto propio. Un espacio donde, en palabras de Semolinika, no sólo una compañía, sino muchas otras, pudieran desarrollar sus propuestas. Entonces apareció el Antic. Un enorme edificio abandonado en mitad de Barcelona donde solo las ratas hacían su función diaria: “El Círculo Barcelonés San José tenía el edificio abandonado y yo lo reformé. Quise dar a Barcelona un espacio de atrevimiento, de investigación escénica. Pero ten en cuenta que arrancamos con un espacio en ruina total. Yo misma empecé sacando toneladas de basura”.
¿Cómo se mantiene?
Se autogestiona. Gracias al bar, el teatro se mantiene sin apenas ayudas. Las entradas tienen precios muy asequibles (entre 4 y 10 euros) y la mayor parte de la recaudación va para los artistas. Traemos a compañías muy poco comunes, a gente ambiciosa que está experimentando no solo con el teatro, sino con sus cuerpos. De hecho tenemos otro centro, AdriAntic, donde los artistas hacen residencias.
Espectáculos difíciles de encasillar. ¿Difíciles de entender para el público?
No. Son espectáculos difíciles de encontrar. El espectador acude al Antic para darse de frente con la investigación escénica. Es algo tan antiguo como los ritos chamánicos de los Andes, pero con la sofisticación de una tradición escénica que lleva años recorriendo el mundo.

Anuncios