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14/01/2012 00:31
David Val Palao

Juan Soto Ivars nació hace 26 primaveras en Águilas, pero su vida le hizo volar pronto de allí. Pasó por Tánger, Madrid, Asturias, hasta recalar en Barcelona, donde actualmente reside. Un error de corrección en Ediciones B le abrió las puertas del éxito. Su primera novela, La conjetura de Perelman se está haciendo hueco entre los libros más recomendados del año. Reseñas en importantes medios nacionales así lo atestiguan. No se esperaba el boom mediático, pero poco a poco lo está asimilando. Silencio, soledad, ostracismo y hasta violaciones. Los temas de sus novelas atraen desde la primera página, ¿algún problema psicológico inconfesable? Asegura que no. Hoy sábado lo descubriremos,  porque a las 19:00 horas estará en el Bare-Tito (calle San Antonio, 38) para firmar algunos ejemplares.

La conjetura de Perelman. Se habla de ella en los foros,  se reseña en medios de renombre nacional… ¿Te esperabas el éxito que está teniendo?

Ciertamente, no me esperaba el éxito mediático ni la atención que ha recibido. Todo esto viene por lo de Nuevo Drama (de lo que hablaremos más adelante). Hubo gente que nos puso un poco a caldo en Internet, pero sirvió para hacernos propaganda. La gente se interesó más por saber lo que era y nos pilló un poco por sorpresa.

Sin duda, no está mal para ser la primera, pero ¿esta novela nació indie con estructura de best-seller?

En un principio, a la editorial le presenté una novela muy literaria, y aunque les gustó el estilo, les pareció muy reflexiva. Me dijeron que probase a escribir una novela de trama y coincidió con lo que yo quería, pues tenía en mente hacer historias para todo el mundo. Quien la ha leído dice que es fácil de leer, pero que los personajes tienen mucho recorrido, por lo que no es un best-seller al uso.

¿Qué hay que hacer para que Ediciones B te publique tu primera novela: que sea buena, saber venderla o ser un hacha de las redes sociales?

No, el contrato estaba hecho antes. La historia es más rocambolesca. A Ediciones B llegué como corrector, pero metí una “morcilla” en un libro y me la pilló la editora. Entonces me dijo que estaba despedido. Aun así, le gustó mi creatividad y me pidió que enviara algo que tuviera escrito. La “morcilla” sirvió para que se interesaran en mí.

He leído por ahí que incluso soltabas párrafos de la novela en Facebook para ver la impresión de los lectores. ¿Los cambiabas si había críticas negativas?

Como era la primera novela y nunca me habían hecho una crítica, era muy inseguro. Ahora menos, porque sé que las cosas que yo creía que iban a funcionar, funcionan. Y que las que me parecieron un poco más flojas son las que la gente ha notado como tal. Pero cuando estaba escribiendo no tenía ni idea si lo que se me había ocurrido era una genialidad o una tontería. Entonces lo ponía en Facebook para ver la reacción de la gente. Funcionara o no, normalmente no lo cambiaba.

La imagen del escritor es la del tío solo, desesperado delante de la pantalla, fumando y en calzoncillos. ¿Te identificas con ese estereotipo?

Cuando escribo sí. De hecho, me fui seis meses a Águilas y me aislé. Facebook era mi única vía de escape. Estuve casi seis meses sin ver a nadie, a excepción de la novia que tenía entonces, en quien se basa el personaje femenino de la novela. No hay duda de que es mucho más agradable irse de copas que escribir.

Tu apuesta por las nuevas tecnologías hace que por el módico precio de 1,99 euros Amazon venda tu libro para e-books…

Pues sí, la editorial le ha echado huevos. Se ha movido como si fuera una editorial independiente, porque es un riesgo y puede perder dinero. Hace poco Lucía Etxebarría decía que dejaba de escribir por ese motivo. Así que una editorial con tantos títulos apueste por casi regalar los libros de manera digital, sorprende. Creo que están intentando ser pioneros en esto.

¿Y qué tiene que ver el Nuevo Drama con todo esta historia?

El Nuevo Drama surge a raíz de una conversación de bar entre Manuel Astur, Sergi Bellver y yo. Es una especie de pataleta contra dos cosas: la literatura totalmente inaccesible para el lector medio y que solo reflexiona sobre asuntos muy actuales (literatura postmoderna) y contra el best-seller de mala calidad. El Nuevo Drama es contar nuevas historias que llenen a la gente donde el autor asuma una exigencia bastante alta. Es salir de la literatura comercial para hacer algo parecido, pero de más calidad, más de autor.

Vayamos a Perelmán, el matemático ruso que resolvió la Conjetura de Poincaré y decidió vivir en el ostracismo y huir de la fama, ¿algo de autobiográfico?

Absolutamente nada. Yo soy totalmente social, aunque sí me obsesionan los personajes como Perelman. Mi autor favorito es el noruego Knut Hamsun, que recibió el Nobel en 1920, pero casi lo pierde porque siendo ya un anciano apoyó a Hitler al empezar la Segunda Guerra Mundial. Se convirtió en un personaje parecido a Perelman, antisocial y aislado del mundo. Este tipo de personajes interesan a todo el mundo. El éxito de la película Una mente maravillosa se debe a su personaje más que a la historia que cuenta. Hay personajes que precisamente por huir de la gente son perseguidos. Perelman es uno de ellos. Es un genio que actúa como un simple ciudadano que hace vida normal y que atrae a todo el mundo por eso.

El silencio es sin duda el otro tema estrella de tu novela. ¿Has sentido ya el vértigo a  quedarte sin nada que decir?

Tengo miedo a quedarme sin ideas. Por suerte tengo unas cuantas todavía. Cuando llegue a cierta edad, veré qué pasa. Hay escritores que siguen publicando por publicar. Novelas sin ideas.

El silencio que reflejas en tu novela es el que llega ante la falta de respuestas. La protagonista casi enloquece ante los silencios de Perelman. ¿Tenemos todos un poco de Mary Parsons?

Sin duda. Reaccionamos muy mal ante el silencio cuando alguien nos importa. Me escribe gente por el Facebook que me dice, “me ha pasado tantas veces sentirme así, como esa chica”. Esa tendencia a no dar explicaciones es algo que tenemos que sufrir todos al menos una vez en la vida. Esta incomunicación es la que destruye el mundo.

¿Qué pretendías que sintiera el lector al leer tu novela?

Es una pregunta complicada. Cuando escribía pensaba solo que el lector pudiera leerla de un tirón y que le divirtiera, que me acompañase hasta las reflexiones básicas sobre este tema del silencio que tanto me importa. Pero ahora que está escrita y que veo estas reacciones, lo único que espero es que el lector se quede ahí y que vuelva a ella. Que tenga una reacción hacia mí. Al estar muy accesible me agrada que el lector me haga comentarios, aunque sean negativos.

No hay duda de que tuviste una ayuda importante para escribir esta novela, que fue la beca Pepita Moreno, una beca muy especial…

Esa beca es fabulosa. Muchísimo mejor que las que dan en el Ministerio. Está enchufada por mi abuela Pepita Moreno, que fue quien me salvó durante los seis meses que escribí la novela. Me cocinaba y me daba conversación. Fue la única persona que estaba conmigo todos los días. Creo que los escritores necesitan un mecenas, sobre todo con esta crisis, y si es la abuela de uno, mejor todavía.

Naciste en Águilas, viviste en Tánger, pasaste por Madrid, ahora en Barcelona. ¿Qué pinta Yecla en todo esto?

Además de que tengo a parte de mi familia aquí, esto va a ser una exclusiva. La próxima novela que va a salir, mucho más pequeña e independiente, habla de una violación, y su final está ambientado en Yecla. Pero es una novela mucho más personal y reflexiva.

Sabes cómo acabaron Azorín y Castillo-Puche por escribir sobre Yecla…

Sí, lo sé. Además, en la novela hay una reflexión sobre eso. Un personaje pasa por la placa que hay en la Plaza Mayor en homenaje a Azorín y reflexiona sobre cómo sufrieron los escritores que se quedaron en provincias, desaparecieron. Madrid fue tan necesario para ellos que se podría hablar casi de dictadura de la capital

¿Ya no ocurre eso? ¿No siguen siendo Madrid y Barcelona los focos culturales de España?

Está claro que sí, que hay que pasar por ahí, pero también hay muchos escritores que no lo hacen y gracias a las redes sociales han conseguido gran renombre. Aun así, la ciudad da muchas más ideas para escribir, aunque, a la hora de escribir hay que volver al pueblo. La tranquilidad y el sosiego ayudan.

Esta tarde, Juan Soto Ivars estará en El Bare-Tito a partir de las 19:00 horas.

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