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Mi primera entrevista en Primera Línea.

Juan Soto Ivars visita a Resines en la primera entrega de ‘¿Puedo tratarle de usted?’, una nueva sección de entrevistas por la tangente. En esta primera entrega, el actor admite ser, haber sido e, incluso, no ser John McClane, Santiago Bernabéu y un ornitólogo.

Bien, corren rumores de que se ha metido usted a ornitólogo, pero yo sé que el pájaro amarillo era un avión.
Efectivamente, no soy nada ornitólogo, pero tengo una casa en Comillas y en la playa de pueblo está el monumento al Pájaro Amarillo, un avión que hizo la cuarta travesía atlántica, y escucha, porque la historia tiene cojones: se les coló un polizón, no lo tiraron al mar y eso les gastó la gasolina antes de tiempo, así que aterrizaron en Comillas. Da para una película, ¿no? Será un largometraje documental.
Otra película que está planeando es un biopic sobre Santiago Bernabéu. A usted, que deja de rodar cuando juega el Real Madrid, ¿se le va a salir el corazón del pecho cuando lo interprete?
Estamos tanteado al club para ver qué le parece al Real Madrid, porque obviamente la película se haría con el club. Y ¿para qué?, te preguntarás. Pues porque don Santiago fue un tipo muy curioso, en contra de lo que se piensa. Que si millonario, que si hombre de derechas. Fue un tipo que cogió al Madrid cuando no era nada y lo convirtió en un equipo internacional. Para conseguir eso hay que ser un personaje genial.

Para usted, ¿qué sería más difícil, ganar un Oscar o hacer de culé?
Mucho más complicado ganar un Oscar, pero estoy tranquilo porque lo de culé creo que no me lo van a proponer.

Bernabéu odiaba a los actores. ¿Será como una posesión diabólica?
No, hombre, no creo. El hombre tenía una edad parecida a la que tengo yo ahora, algo más, cuando trabajó en el club. ¿Diabólico? Tampoco soy tan terrible.
Hablando de pactos satánicos: Un contrato de exclusividad con Telecinco, ¿se firma con bolígrafo o más bien con una gota de sangre?
Bien traída, sí. Se firma con un bolígrafo.
Normal. Un Bic, me parece. No tenía nada raro el bolígrafo. Pero vamos, es una exclusiva en series de ficción, tampoco te atan ni te imponen. Un contrato cojonudo. Yo no haré nada que vaya contra lo que pienso.

¿Dónde hay más simpáticos, en el cielo o en el infierno?
Como no creo en esas cosas: en ninguna parte. Pero se supone que en el infierno. Aunque luego hay tanto cabrón ahí haciendo puntos para ir al cielo… Mira, no sé, ponme una X.
Dicen que es usted la viva imagen de un español. ¿Qué se nos da mejor, reírnos de nosotros mismos o quejarnos?
La queja es un producto nacional. Aunque parece que estamos siempre de cachondeo, hay muy poco sentido del humor para reírnos de nosotros mismos. Tenemos una de las frases más petulantes del globo: “Usted no sabe quién soy yo”. Pues tú eres un mindundi, qué vas a ser, un mindundi, como el resto de la humanidad.
Y sin embargo, ‘Amanece que no es poco’ es un clásico y ahora la ve todo el mundo.
El año pasado me invitaron al pueblo donde rodamos. Tienen un centro lleno de atracciones sobre la película, y la entrada del pueblo, en una zona que se llama La Suiza de la Mancha, hay una escultura de la moto con sidecar en la que aparecía yo con Luis Ciges. Me di cuenta de que es un clásico cuando los que hacían de mis hijos en ‘Los Serrano’ soltaban frases de la película.

¿Puede uno reír desconsoladamente?
Sí, sí. Sí que se puede. ¿Y de qué?, preguntarás. Pues de situaciones que son tan patéticas que lo lógico sería llorar.
Ladoire y usted triunfaron con ‘Ópera prima’. ¿Uno empieza haciendo estas cosas para ligar y se va de las manos?
No es que lo hiciésemos para ligar, pero las chicas… Bueno, responden, claro. Algunas. Otras te mandaban a tomar por culo inmediatamente. Pero sí, a partir de ‘Opera prima’, que fue un éxito acojonante, vino ya todo muy rodado.

Una novia mía me dijo: Juan, el arte se hace en los bares. ¿A usted le han ayudado mucho los bares?
Siempre han sido nuestras salas de reuniones. Si había trabajo, te quedabas, y por la tarde seguías ahí. Íbamos todos los días al Comercial, o al Yucatán, un sitio curioso. Le preguntábamos al dueño: ¿por qué se llama Yucatán? Y respondía él: porque está en la Glorieta de Bilbao.

Yo pienso que el cine no debe ser gratis, sino grato. ¿Qué piensa usted?
¿Qué cojones es eso de gratis? Voy a ser claro: las operadoras no tienen que dejar que haya sitios de descargas. Los que se bajan películas son la hostia. Son unos ladrones. A la gente que roba se la llama así. Una película cuesta mucho dinero, se paga a mucha gente. ¿O no te gusta cómo va peinada la protagonista? Pues hay una peluquera, y desde ahí ponte a sumar. La descarga no es libertad de expresión. Otra cosa es que discutamos el precio. No es como copiar cintas. ¿A que al camello sí que le pagan? “No, es que soy antisistema”. No, tú eres un hijoputa.

¿Se puede odiar a alguien por su propio bien?
No, pero puedes ponerle en un brete por su propio bien.

Si politoxicómano es el que está enganchado a la política, ¿son los actores españoles politoxicómanos?
Tampoco están particularmente enganchados a la política, ni a lo otro. Todos somos seres políticos. El tópico de los actores vino por la desgraciadísima guerra de Irak. Y luego ya, pues los fachas de siempre, que se pusieron pesadísimos con nosotros. No había más que hablar con la gente de a pie para ver que aquello lo pensaba todo el mundo.

Como cabreado habitual en las series que interpreta, ¿qué cabrea más a Antonio Resines?
La idiotez. Mira, no digo que haya que ser brillante todo el rato, pero los lugares comunes me ponen muy nervioso. Las declaraciones públicas de algunos de los que rigen nuestros destinos, por ejemplo, son para cagarse. Mira qué gracia: tengo aquí un libro que se llama ‘Todo el mundo es imbécil menos yo’.

Me gustó mucho su interpretación protagonista en ‘La jungla de cristal’. ¿Qué afinidad tiene con su personaje, John McClane?
Mucha, John es mi segundo yo. Cuando me levanto por la mañana y me miro al espejo, me digo: ‘Joder, John McClane, eres la hostia’.

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