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Publicada originalmente en el número de diciembre de Primera Línea

Melendi visto por Joaquín Aldeguer

Nuestro invitado de este mes se quitó las rastas para ganar mucho más. Un asturiano al que todos conocemos por su apellido, que parece hecho a posta para nombrar a un cantante melódico. Las ha liado pardas cuando se emborrachó con el éxito, pero aparece ahora templado, maduro y prudente para enseñar a músicos en potencia desde su asiento televisivo de La Voz. Es Melendi.

En La Voz están ustedes y los que aspiran a ser como ustedes. ¿Se divide el mundo entre exitosos y aspirantes al éxito?

No, yo creo que se divide de muchas otras formas. El éxito es muy variable. Mira a toda esa gente que está en el paro y lo que busca es un trabajo, aunque sea el más sencillo. El éxito de cada uno es cosa suya, y la vida puede tardar más o menos pero creo que te acaba dando lo que mereces. Yo diría que el mundo se divide entre los que luchan y los que no luchan.

A ratos, ¿no le gustaría que hubiera un botón para putear a sus compañeros de La Voz cuando le quitan a un aspirante?

Ya te digo. Darle al botón y que se abriera una trampilla debajo de los sillones de Bisbal, Rosario o Malú. En realidad nos llevamos muy bien los cuatro, pero somos artistas, así que tenemos nuestro ego. Da rabia que un aspirante que te ha conquistado no te elija a ti.

En una canción de su último disco dice que su primer amor fue usted. ¿Le tiene ahora manía a su ego?

El ego me ha jugado muchas pasadas, porque siempre te habla bien de ti, es muy mentiroso. Ten en cuenta que yo he tenido una suerte brutal, la vida me ha puesto las cosas muy fáciles. A lo largo de los años hay que aprender a no escuchar tanto al ego. Mi madre me dijo una gran frase que tengo grabada a fuego. “Ramón, tú eres una vaca que da leche muy buena todo el mes pero el día treinta pega una coz y vuelca el cubo”. Pues la coz la das con el ego.

He leído que se quitó un peso de encima al librarse de las rastas.

Es que me quité mucho más que las rastas. Las rastas son la parte exterior, pero el cambio fue interno. Hace seis años tuve que cambiar muchas cosas de mí, porque desde que llegué a Madrid me fueron las cosas demasiado bien y entonces era muy joven y no tenía la cabeza sobre los hombros para digerirlo.

Da la sensación de que a usted le parece más peligroso el éxito que el fracaso.

Es que es mucho más peligroso. No reaccionamos igual a una cosa que a la otra. Buscamos el éxito pero reaccionamos mejor al fracaso. El fracaso lo he vivido también, te pilla por sorpresa, y te da alas y fuerza para crear cosas mejores. Sin embargo el éxito, que tanto has buscado, te deja solo y vacío por dentro.

Usted escuchaba de crío a Extremoduro y ahora está en la tele con Bisbal. ¿En esta vida hay que ser camaleón?

La vida del músico es más monótona de lo que parece. Hay un programa detrás, y no me refiero a La Voz. Un programa que dice: grabar disco, hacer promoción, irse de gira con los directos. Personalmente disfruto los directos muchísimo, pero tu vida no deja de ser un bucle. Entonces aparece la oportunidad de ir a la tele y la valoras. Y pese a los prejuicios que uno pueda tener, descubrí que La Voz es algo muy serio. En Estados Unidos ha funcionado como una oportunidad real para los concursantes. Es una buena forma de romper el bucle.

Dicen que pisar una mierda trae suerte. ¿Cuánta mierda tiene en las suelas un hombre afortunado?

Yo he debido pisar mucha, porque ya te digo que las cosas me han ido muy bien. Y está la mierda que ve uno, y la que va generando uno. Con esa hay que tener mucho más cuidado que con la que se pisa.

Pero ¿y si la suerte, al sonreír, enseña sus caries?

Pues le buscamos un buen odontólogo. A mí casi siempre me ha enseñado una sonrisa preciosa, pero yo creo que tiene que ser uno mismo quien le sonría tanto a la suerte como a la adversidad. Unas veces lo tienes todo y otras lo pierdes todo. La actitud hay que mantenerla.

¿Qué clase de resaca deja un amor de garrafón?

Pues una muy chunga, en esa canción hablaba de ello. En el amor siempre hay uno que da más y otro que da menos. Uno que quiere más y otro que se acomoda. Ese desequilibrio al final estalla y quien ha querido más tiene que sufrir la resaca, y obviamente es amarga y desagradable.

Si concursase usted en La voz, ¿a qué cantante elegiría como tutor?

Admiro a mucha gente, y a gente muy distinta. Pero por la clase de música que yo hago, elegiría como maestros a Sabina o Serrat. A cualquiera de esos dos grandes de la música, que por cierto ya me enseñan mucho con su forma de entender la canción.

Usted parece orgulloso: ¿se tomaría el fracaso de uno de sus pupilos como algo personal?

No, para nada. Hay demasiados factores en juego. A veces en los ensayos te quedas sorprendido con lo buenos que son pero luego les juega una mala pasada el directo. Ahí hay mucha presión. Yo aspiro a enseñarles cuatro cosas sobre el mundo difícil de la música, vocalmente ellos me superan pero yo tengo más tablas. Me contento con darles unos trucos. Lo que más les servirá es que estemos con ellos cuando firmen su primer contrato. Estar atentos para que tengan un buen equipo, gente seria y agradable. En este negocio no estás solo aunque sea tu cara la que se ve en el disco. Hay mucha gente contigo y es muy aconsejable que sean buenas compañías. A mí me ha costado nueve años llegar a esto. Si les puedo ahorrar eso, ¡fíjate qué favor les hago!

A Asturias no llegaron los moros pero usted trajo la rumba. ¿Cómo es eso?

Mi familia materna es de Jaen, así que un poco de moro sí que llegó a Asturias. En mi casa siempre estaba cerca la guitarra española. Con esa música aprendí, fue mi punto de partida, pero mi carrera se ha ido alejando de la rumba y el flamenco.

¿Cumple entonces las palabras de Albert Pla, lo de “no sólo de rumba vive el hombre”?

Exacto. Si no hubiéramos evolucionado todavía seríamos monos, ¿no?

Su último disco se llama Lágrimas desordenadas. ¿Es más caótica la tristeza que la alegría?

Es otro bucle. La tristeza y la alegría son sentimientos que dan fuerza creativa. Quizás más la tristeza. En una época gris de la vida es muy difícil encontrar el impulso para componer.

¿Educa usted niños canallas o se ha convertido en padre modelo?

Hombre, ni lo uno ni lo otro. Aspiro a darles armas para que las usen como vean. Los educamos en el cariño y en la libertad para que ellos sean lo que quieran cuando crezcan. Pero sí que quiero que estudien. El valor de estudiar lo descubrí yo muy tarde. Llegas a un punto en el que te arrepientes de no haber sido mejor estudiante.

No sabemos qué rumbo lleva España, díganos usted ¿qué rumba lleva?

Mira, una cosa tengo clara: el español ha demostrado su honradez. No es honrao, es lo siguiente. Con la de palos que le están cayendo a la gente, las protestas son muy pacíficas. El español lo aguanta todo con honradez, y nadie parece premiarlo por ello. Poco delito hay para la situación tan jodida en la que estamos metidos.

Abramos el pozo de la memoria. ¿Qué me dice de los mineros de su tierra asturiana?

No sé si las reivindicaciones de ahora son posibles, pero sí te diré una cosa. Los mineros son gente que ha muerto joven de silicosis para que nosotros tuviéramos nuestras casas calientes. Ahora piden unos derechos. Merecen todo mi respeto.

¿Su verdura favorita es la marihuana?

Lo ha sido muchos años, aunque ahora con las verduras y con todo en general soy más saludable.

¿Qué le da a usted más Pereza?

Uf. Levantarme por la mañana cuando estoy cansado, ver el telediario… Siguiente pregunta.

Venga, la última. ¿Ya no se ríe con Aterriza como puedas?

Qué cabrón, jaja… ¡Leslie Nielsen siempre será mi héroe!

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