Etiquetas

, , , , , , , , , , ,

Prólogo para “Y encima es mi cumpleaños”, el primer poemario de Manuel Astur, que se presenta más o menos el 31 de enero.

Manuel Astur

Y encima es mi cumpleaños, de Manuel Astur

Hoy es el cumpleaños de Manuel Astur, hoy es 31 de enero y él cumple 32 años, que es casi la edad de la crucifixión, la edad en la que uno ha obrado ya milagros y ha conseguido a los apóstoles que le perpetúen la palabra. Yo me pongo a la tarea de escribir unas líneas para su primer libro hoy, apóstol de sus palabras, porque en la palabra poema hay algo sagrado hacia lo que él ha querido dirigirse.
Su vida y milagros dan más para una colección de novelas que para un prólogo y él mismo se encargará de contarlas. Es Manuel de esas personas a las que le salen los amigos hasta del suelo, y en el suelo comienza este prólogo. Un tipo borracho se desliza entre los invitados de la fiesta de un escritor camino del cuarto de baño, tropieza con algo y se va de bruces al suelo. Eso con lo que ha tropezado es Manuel Astur, otro tipo borracho que había caído previamente al suelo. Los borrachos se ponen a hablar sin molestarse en volver a la verticalidad, y es que la amistad, como el hombre, está hecha de barro.
Así fue como nos conocimos y algún tiempo después compartimos un piso en la planta doce de un edificio, y desde nuestro salón se veía la extensión de bloques que llaman Madrid sin haberla pisado los duendes de Malasaña. Un Madrid de obreros y de trabajo al borde del precipicio. En ese piso, con el mal de altura, supimos que el otro también iba para escritor, y en consecuencia nuestro camino tenía que ser más intenso que el de los demás. Pronto éramos una pareja temible, acompañados de mujeres en rotación como las lunas, está feo decirlo pero en Madrid nos llegaron a tener miedo y más de un cantante famoso tuvo que salir huyendo de un bar cuando nosotros decidimos que su música era una puta mierda. Y un escritor cuando decidimos que sus poemas eran una puta mierda. Que tantos libros que se publican eran y serán una puta mierda. Por aquel entonces nos juntamos en el bar donde murió Juan Carlos Suñén (que resucitó al tercer día) y nos llamábamos La Retaguardia Madrileña esperando nuestro momento. Esperando y maldiciendo.
Ser escritor comienza por saberse mejor que los demás. Al salir el libro publicado, uno empieza el vía crucis de descubrir lo contrario. Pero en esa actitud agresiva, en esa ostentación de la nada, se llenan de carbón las calderas del verbo. Porque el único patrimonio del escritor es lo que vive, y leer también es vivir, pero no se lee cuando se folla bajo la lluvia con una muchacha menor de edad, ni cuando uno aparece, borracho y tocado con una peluca del Apocalipsis, en una fiesta que amenazaba bodrio y termina convertida en algo impropio de un prólogo elegante.
La literatura de Manuel Astur es el Nuevo Drama, que tiene de nuevo lo mismo que un hombre que nace tiene de nuevo en este mundo. Ese hombre no es el primero ni el único, no es Adán ni es el Demonio, pero alguien le ha puesto un nombre. Y con ese nombre tendrá que conocerlo el cobarde y el valiente. La literatura de Manuel Astur está hecha de vida pura, de la experiencia de treinta y dos años que se multiplican. Manuel Astur tiene la desgracia de la sensibilidad y de la sangre, y todo cuanto ocurre le duele o le alegra, apenas la caída de una lata de cerveza desde un balcón, recuerdo ahora, era para él una señal como lanzada por Dios, un cloqueo de latón que podía estar dando algún aviso. Apenas el ladrido de un perro justo cuando casi se estaba durmiendo, con un libro de Curzio Malaparte entre las manos, apenas eso y ya estaba llamando a mi puerta y diciendo que la noche podía ser muy salvaje, una noche de martes de febrero en que me sacó de la cama y juntos intentamos quemar de nuevo Madrid, como si una voz de perro nos diera quince minutos para acabar con el mundo.
Pero en lugar de acabar con el mundo, estábamos construyendo uno a martillazos. A martillazos de bota en los suelos de la noche y de vaso chocando contra la barra. Un mundo que ahora empieza, a sus treinta y dos años, y abre su primera puerta en este libro para que entre a vivirlo quien se atreva a mirar a la sangre con los ojos muy abiertos.
Aquí empieza este Nuevo Drama. En el día del cumpleaños de Astur voy poniendo mis colillas en el cenicero hasta que consigo explicar por qué estoy tan contento. Y quien no lo entienda, pueda pasar a la página siguiente.

Juan Soto Ivars

Anuncios