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Entrevista a Juan Carlos Ortega, publicada en Primera Línea

A lo largo de esta entrevista, Juan Carlos Ortega hablará de la confusión, pero acabará acusando a nuestro entrevistador de haber provocado, él solo, la crisis económica mundial
YO: He oído decir que es usted extraordinario. ¿Por qué le insultan de esta manera vil?

JCO: La gente suele tener mal fondo, y eso es algo que me inquieta cada día más. Cada vez que alguien me califica de extraordinario, intento simular no haberlo escuchado.

YO: Porque no dice usted tacos ni nada así, ¿no?

JCO: En ocasiones soy bastante mal hablado. Pero casi nunca en la radio o en la tele. Soy el único humorista que es, a la vez, puritano y revolucionario.

YO: Es purista con los lugares comunes. ¿Qué vamos a hacer ahora? Evitar los lugares comunes se ha convertido en un tópico.

JCO: Tiene usted toda la razón, y creo que mi humor está centrado en los últimos años en criticar ese meta tópico, el tópico del destrozo de tópicos. Quiero decir que, en ocasiones, no hay nada más conservador que pretender no serlo.

YO: Dígame: ¿Dónde capturaba usted a sus abuelos colaboradores?

JCO; En casales de jubilados. Nunca eran actores profesionales. De hecho, la profesionalidad hubiera provocado una lamentable perdida de credibilidad. Lo malo de algunos actores es que actúan. Ellos no lo hacían. Pero siempre es complicado. Por eso prefiero hacer yo las voces. Mis voces suelen obedecerme.

YO: Hablando de ancianos adorables, usted ha publicado un libro sobre Gila. ¿El fantasma de Gila se le aparece por teléfono?

JCO: Es inevitable que ocurra. De pequeño escuchaba sus monólogos con reverencia. Hay cierta conexión emocional con él, y también intelectual. Ha sido el humorista más sutil que hemos tenido y eso me hace adorarlo hasta el extremo.

YO: Siguiendo con el más allá, escribió un libro llamado “Morirse es una mierda”. Por favor, cuéntenos su experiencia.

JCO: Es, sin duda, el mejor libro de los que he escrito. Lo publiqué en un momento en el que la muerte me preocupaba muchísimo. Era mi tema. Estaba obsesionado con la desesperación. No lo entendía, como tampoco lo entiendo ahora. Pero he cambiado en algo desde que lo publiqué. Ahora pregúnteme usted: “¿En qué?”, y así hacemos como los de “La Contra” de la Vanguardia.

YO: ¿Lo qué?

JCO: Pues he cambiado en que mi propia muerte ha dejado de preocuparme de aquel modo. Y eso es así porque, afortunadamente, estoy dejando de pensar tanto en mí. Tengo un hijo y todo se ha desplazado milagrosamente hacia él. Dejar de ser el centro del Universo gracias a la paternidad es un alivio que recomiendo a todo el mundo.

YO: ¿La paternidad como alivio? ¡Usted sí que quiere romper tópicos!

JCO: Es que lo pienso de verdad. Cuando no era padre (toda mi vida hasta hace cuatro años) vivía en mí, para mí, por mí, pensando en mis cosas, preocupado por mis asuntos, considerándome estúpidamente el centro de todo. Y eso es agotador. Tener un hijo, en ese sentido, es un alivio. Pero, aunque no lo fuera, vale la pena. Es lo único que realmente vale la pena. Esta última frase es un tópico que, tal vez, compensa lo anterior.

YO: A mí de la paternidad me asustan las explosiones demográficas. ¿Ha visto alguna de cerca?

JCO: Nunca he visto una explosión, pero, ¿Sabe qué?

YO:  ¿Qué?

JCO: Pues que tengo miedo. Miedo a otro tipo de explosión.

YO: ¡Ahora sí que estoy en ascuas!

JCO: Me asusta todo lo que está pasando con la política y todo ese tremendo asunto de la crisis. Me da miedo la crisis, y los políticos, y los que odian a los políticos. Tengo tal vez más miedos que la mayoría, y eso es aterrador. Miedo a la crisis. A los políticos. Y a los que odian a los políticos. Estoy desorientado.

YO: ¿Miedo al día a día?

JCO: Un poco también. Uno nunca sabe lo que puede ocurrir. Y eso, lejos de la leyenda del carpe diem, es francamente preocupante.

YO: ¿Cree que los hombres de la generación de su hijo Ulises tendrán odio visceral por los políticos? Porque los de nuestra generación no paramos de decir que son unos malhechores.

JCO: Es posible que sí, pero confío en que pase algo que lo arregle. Un tercer camino que ahora no podemos ni imaginar. Ni el respeto anterior, ni el odio actual. Una tercera vía, sin duda más inteligente, que ellos sabrán encontrar.

YO: Escribió usted que Ferrán Adriá había inventado el humor vicario, porque le hacen reír las reseñas sobre su cocina. Lo de los políticos ¿no es la farsa involuntaria?

JCO: Es posible, sí. Tal vez algunas de sus mentiras sean provocadas por la fuerza de la tradición, muy superior a ellos mismos. Pero lo curioso es que, en ocasiones, los políticos dicen verdades. El problema es que yo me hago un lío y no sé distinguir nada. En realidad, mi vida es un tremendo desajuste. No comprendo del todo la realidad. Y créame que no lo digo para hacerme el pobre chico desorientado para dar lástima. No entiendo casi nada y me cuesta tener un criterio firme respecto a la política en general.

YO: ¿Entonces es usted un hombre de radio desintonizado?

JCO: Probablemente también. Desintonizado porque nací en la sintonía. Nací amando la radio puramente, y luego me he servido de ella para ridiculizarla. Pasé de la sintonía a la asintonía. Cuando era pequeño, yo me creía la radio. Ahora la parodio. Es una forma de ser un hombre de radio desintonizado, sí.

YO: Volviendo al mundo exterior, el déficit ése que dicen que tenemos los españoles ¿será de imaginación?

JCO: De imaginación o de exceso de imaginación. Puede parecer algo impopular pensar en la imaginación como en algo que pueda darse en exceso, pero si lo pensamos bien algo de eso hay. De lo que tenemos déficit es de racionalidad. ¿Sabe? Yo soy un hombre tremendamente racional. Muchísimo. Tener mucha imaginación y poca racionalidad puede llevarnos al desastre.

YO: Lo bueno de internet es lo malo de internet. Que hay mucha gente brillante y como hay mucha gente brillante es difícil encontrar gente brillante. ¿No le parece?

JCO: Sí, exacto. Lo pensaba el otro día. La falta de un filtro, de un elemento con criterio para decirnos “este es bueno, este no”, es algo que dificulta bastante. Es magnífico, pero lo dificulta todo mucho. Pero mejor que nos quejemos de eso que de lo contrario.

YO: El carnicero no me mira a la cara desde que decimos que la crisis la han provocado los mercados. ¿Cómo consolarlo?

JCO: ¿Y si la crisis no la hubieran provocado los mercados? ¿Y si los mercados fueran buenos? ¿Y si usted, Juan, fuera el único responsable de la crisis? Creo que es usted, y solo usted.

YO: ¿Fue por aquel sapo que me reventé? ¿Fue todo por ese sapo?

JCO: Sí. Todo fue por eso. Ahora, que los twitteros del mundo empiecen a insultarle. Se lo tiene merecido.

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