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Publicada originalmente en Primera Línea, ¿Puedo tratarle de usted?

Javier Botet tiene el síndrome de Marfan, así que sus huesos crecen más de la cuenta, lo que le ha puesto al borde del otro barrio en varias ocasiones. Pero nuestros invitados siempre salen del brete: Botet es dibujante, actor y director de cine, célebre por sus interpretaciones de monstruos y adorado por los internautas por los cortos humorísticos que hace con su amigo David Pareja y que puedes ver en Youtube.

Interpretó a Frankenstein y dijo que se identificaba con él. ¿De qué piezas está hecho usted?

La fuerza y la perseverancia de mi madre, la dureza y resistencia de mi padre y en parte su insensibilidad; gracias a Dios, también un microprocesador potente que me ha permitido digerir todo lo que me ha venido. Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte pero hace falta una base, ser capaz de analizar, transformar, digerir. Y otra pieza es tener un físico muy peculiar, digamos que muy atípico. El mundo es peligroso, agresivo, así que la adaptación es fundamental, tanto en el colegio como en la vida adulta.

¿Somos grandes a pesar de los traumas infantiles o gracias a ellos?

Creo que dependiendo de esa capacidad de adaptación, cuantas más experiencias intensas y traumáticas tengas vas a ser mejor y no peor. Hasta lo bueno es traumático, también hay que ser fuerte para soportar lo bueno sin mutar a peor. Yo me he criado entre tormentas y me aburro si no hay. Mejor tener un problema que nada. Cuando la cosa está muy calmada, el problema me lo creo yo.

¿Qué visión tiene del culto al cuerpo?

A ver, a mí me gustan las chicas guapas. Hay una base lógica y genética de instinto por la supervivencia en la belleza de las formas. El canon tiene que ver con la supervivencia. Si hablamos de belleza, yo creo que tengo un cuerpo muy bello, muy estético, pero en base a lo estipulado no era tan fácil entenderlo. Yo echaba muchas horas delante del espejo porque me divertía y así iba explorando mis posibilidades.

Su puerta de entrada al cine fueron los monstruos físicos, pero por lo que veo en sus cortos ¿le interesan más los morales?

Me parece mucho más divertido eso. Hay muchísimo de que asustarse y divertirse. El monstruo físico me divierte y me permite vivir del cine, pero a lo largo de mi vida he visto tantos adefesios morales y espirituales que me encanta sacar el chiste de la cosa más dura y más desagradable y más estúpida. Cuanto más doloroso es algo más gracioso puede ser, más mérito tiene sacarle una risa. Practico el humor agresivo. A mí la vida me ha hecho duro y me gusta golpear fuerte. He aprendido a vivir con la comedia y veo que todo se puede trivializar de alguna manera, así que no entiendo a la gente que se queja y los golpeo para que intenten descubrir esta manera.

¿A este mundo le hace más daño la condescendencia o la autocompasión?

Las dos son muy malas. La condescendencia no ayuda a la persona a crecer y la autocompasión es una consecuencia, una atrofia. Yo abogo por no condescender a nadie y a la gente que conozco y tiene problemas suelo atacarle. Esto no excluye el cariño, por supuesto. Ser condescendiente con alguien es darle a sus problemas más importancia de la que tienen, y los condenas a la autocompasión.

¿Cómo venció Botet a la autocompasión?

Cuando vi que me debilitaba. La autocompasión ablanda a la gente y el mundo es muy duro. Hay que estar en un proceso activo sin tiempo para la queja. Por eso al que tiene problemas no hay que dejarle tiempo, hay que activarlo aunque se agobie. Hay que retarlo, porque la autocompasión es la derrota, el final.

¿En qué piensa un tipo tan creativo durante una sesión de maquillaje de varias horas?

Suelo hacerme rápido con los maquilladores. Soy abierto y chisposo y bromeo con ellos. Entre chistes, bromas y tonterías acabamos pasando horas muy agradables. De hecho a veces me tienen que decir “estate quieto, coño.”

¿Para quieta su cabeza en algún momento?

Si apago la luz por la noche y dejo todo a oscuras, no duermo. Si le doy libertad a mi cabeza empieza a marearme con ideas. Cuando vengo reventado de trabajo, consigo dormir porque me desmayo. Pero si tengo todavía un poco de energía tengo que poner una película buena para dormirme. Si es mala, no me duermo, porque empiezo a pensar otra vez. Tiene que ser buena.

Le hemos visto nacer de una pared de hormigón y también en un videoclip de Bunbury. ¿Qué duele más?

Qué pasa no te gusta Bunbury, ¿eh?

Ah, no, yo soy muy imparcial.

Claro, claro. Veamos. Nacer de una pared fue duro porque uno nace en pelotas y aquello era un corto sin producción grande. Hacía un frío de la hostia. Se cuidó un pelín menos que el vídeo con Bunbury, donde había más producción y dinerito, así que lo de la pared fue más doloroso.

Eso es salir con elegancia de un brete.

Es que soy un actor muy elegante.

Star Love, uno de sus cortos, contiene el secreto de la salvación de los pagafantas. ¿Nos conduce la sutileza a la extinción de la especie?

A los pagafantas nos ha fastidiado mucho ver a ese tío bruto y ordinario que se lleva de calle a la chica que parecía tan sensible. Pero bueno, gracias a ellos la especie sigue adelante. Yo, dentro de lo pagafantas que he sido toda la vida, alguna vez me he sentido más bruto, normalmente por haber bebido algo, y de golpe dices “maldita sea, hoy he sido así casi de un modo subconsciente y mañana ya no seré capaz de conseguirlo.” Nuestro problema más gordo es pensar de más, no dejamos de ser animales racionales, por desgracia. Y los menos racionales se reproducen mejor.

Y si no siempre puedes esperar a que esté inconsciente y hacer como en Carroña, otro corto vuestro.

Eso es lo bueno del cine. Todos nos hemos imaginado haciendo unas canalladas de la hostia. Idealmente parece que tenemos muy claro que haríamos lo correcto, pero claro, siempre que no se dé la situación. A mí la gente que jura y perjura que jamás pondría los cuernos o que no fallaría a un amigo me da poca confianza. Imagínate que necesitas un riñón de alguien… Ojalá no tengas que poner a prueba a tu mejor amigo. Creo que estaría a la altura, pero sólo lo creo.

¿Qué le provoca más satisfacción, asustar o hacer reír?

Es complicado comparar eso. Cuando asusto es fruto de un trabajo como actor en base a un guión de otra persona. Cuando hago reír es por una idea entre David Pareja y yo, y es un éxito personal. Me gusta cuando soy responsable del éxito. En el terror intento que mi trabajo sea bueno y me lo aplaudan, pero para llegar otro nivel de satisfacción.

La película con la que se estrenan en el argo se llama Al final todos mueren. Vaya spoiler, ¿no?

El título es el spoiler total y además el prólogo va a dejar claro que todos mueren. El mundo se acaba y hay un aviso cuarenta y dos días antes, así que la película cuenta cuatro historias de personas que saben que van a morir. Es un juego de aprender a morir.

¿Es un asunto autobiográfico por las veces que usted ha estado cerca de morirse?

No creo. Somos cuatro guionistas haciendo algo del estilo de Four Rooms. En mi parte he tratado temas que me divierten. Más que biográfico, de vidas paralelas, porque si no fuera actor me gustaría ser gigoló o bien ser asesino en serie. Por el desafío mental, no por matar, ¿eh? Me imagino la vida del asesino en serie como un puzzle constante, esta gente con vidas difíciles no han superado sus problemas y han desembocado en otro tipo de supervivencia. Lo bueno del cine es que puedo investigar eso sin matar a nadie.

Me hace gracia que mencione las vidas paralelas el autor de la frase “si hay infinitos universos paralelos, seguro que en alguno Punset no es tan majete” ¿Qué está haciendo usted ahora en un universo paralelo?

Pues pienso que he muerto varias veces. Morí a los 20, a los 27. Sí, creo que he muerto en otros universos paralelos, mis padres lo han asumido, siguen con su vida, mi hermana les ha enseñado a mis sobrinos fotos mías y les ha contado cosas entrañables sobre mí. Éste era tu tío, era muy alto… Da un poco de miedo pensar en universos paralelos.

Hablando de miedo, ¿le asustan las tres próximas entregas de Star Wars tanto como a mí?

Relativamente. Ya han violado la saga. No me preocupan mucho, ya soy libre. Las tres películas buenas de Star Wars son parte de la vida de mucha gente y han inspirado muchas otras obras de arte. Dudo que algo pueda llegar a idearse algo peor que Jar-Jar, pero ahora que se las han quitado de las manos al propio creador y destructor George Lucas, tengo esperanza. Es más: creo que quiero que las hagan. Ahora que estoy emergiendo como actor internacional, y creo que no habría nada que cerrara mejor mi existencia que tener una microparticipación en alguna de esas películas. Aunque sean malas. Joder, tío, ¡es salir en Star Wars!

Caricatura de Joaquín Aldeguer

Caricatura de Joaquín Aldeguer

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