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Entrevista publicada originalmente en la sección ¿Puedo tratarle de usted? de la revista Primera Línea.

Si un snob te dice que no ve nunca la tele, siempre podrás ser más snob todavía diciéndole que entonces no ve Saber y Ganar. En antena desde 1997, tiene como presentador a uno de los personajes más simpáticos de la tele. Jordi Hurtado, que fue la voz de Epi de Barrio Sésamo y ha visto nacer y morir centenares de concursos mientras él seguía con el suyo.

En Sant Jordi oí a un niño decir: Claro, Barcelona llena de libros porque es el santo de Jordi Hurtado.

Qué bueno. El otro día me dijeron que un niño de siete años se graba los programas y se los pone luego. Esto es fenomenal.

¿Hay hombres que son más fieles a su programa que a sus mujeres?

No tenemos capacidad de medir la fidelidad conyugal pero sí la de los espectadores. Hay unos aparatos que la miden y realmente sí que existe gran fidelidad de hombres y mujeres. El 65% nos siguen sin cambiar de canal. Pero seguro que alguna privada inventa un aparato para medir la fidelidad de las parejas y hace un programa.

¿Qué amenaza más a Saber y Ganar, la telebasura, la crisis de TVE o la siesta?

La crisis es la amenaza más real. En 16 años es lo que más ha afectado. El año pasado fue muy difícil. Los gastos de los juegos olímpicos provocaron una incertidumbre tremenda. La audiencia seguía siendo altísima pero no había nada seguro. Menos mal que la casa hizo todo lo posible para que el programa siguiera. Es un buque insignia. Hay gente que dice que vaya chollo tengo, que si vivo en TVE. La verdad es que no tengo asegurado más que un trimestre, porque se renueva el programa cada tres meses.

Una cosa que me tiene loco. Cuando el programa acaba y bajan las luces, los concursantes y el equipo se juntan y hablan gesticulando mucho. ¿Conversan realmente o es pantomima?

Sí, hablamos de verdad, claro, es la oportunidad que tiene Juanjo para salir en penumbra. Los gestos tienen su explicación: si no te mueves te dicen que no estás vivo. Entonces comentamos lo que acaba de ocurrir en el reto y sí que exageramos un poco los gestos. A veces les hago coña a algunos concursantes para que no den la espalda a la cámara: “¡Cuidado, que vienen los rinocerontes, que vienen las hienas de los documentales!”

¿Qué le parece la dotación del premio en Gran Hermano?

Pienso que hay que respetar los formatos, si lo emiten es porque tiene público. No son tontos. Que Gran Hermano siga significa que los accionistas tienen beneficios. Es lícito. Eres libre de verlo o no verlo. Yo no tengo prejuicios con Gran Hermano y esos programas. Es que me aburren.

Circulan muchos mitos sobre usted, de mejor y de peor gusto. ¿Le parece que internet es proclive mala baba?

Sí, el anonimato lo facilita, o la masa. Se han creado bulos, noticias falsas sobre Obama o cualquier personaje pequeño como pueda ser yo. Yo nunca he buscado la fama. A los 18 empecé a trabajar en la radio y tengo 55. No quería ir a la tele para ser famoso. Hay una gran diferencia entre los que buscamos ser comunicadores y felices con lo que hacemos y damos gracias, y los que buscan simplemente la fama. Internet se retroalimenta con eso.

Graban ustedes varios programas en una jornada. ¿No afecta eso al rendimiento de los cerebros?

Van perdiendo neuronas por el camino y mucha energía. Las sesiones son pantagruélicas y eso hace que el que sigue a base de retos y calculadoras tenga mucha presión. Yo ya soy muy profesional pero ellos hay días que dicen que están derrotados. Pero también, si en un día pueden hacer 5 programas, es mejor para ellos. No está la cosa ahora como para faltar mucho al trabajo.

¿Tiene todavía pesadillas con sus corbatas en Pictionari?

¡Eran divertidas! Era el año 90, la moda Carrascal. Había unas de Kenzo que me encantaban. Ahora se llevan lisas y se han ido estrechando. Damos un look más catalán, más Antonio Miró. Las estilistas se preocupan por esto. Por cierto ¿qué hacemos hablando de corbatas?

¿Es Juanjo Cardenal el famoso narrador omnisciente?

Es un gran narrador y un gran hombre de cultura, hace recitales de poesía erótica y todo. Es muy genio. Sabe de todos los campos, y esto va muy bien porque cuando algún concursante dice algo raro y hay que improvisar él siempre tiene la respuesta. Al principio teníamos la Larousse para ayudar a Juanjo y a nuestros guionistas, antes de internet. Esto nació en el Siglo XX con la peseta.

¿Lo obligan a ponerse ropa cuando aparece ante la cámara?

Como es invisible y es humano tiene que cubrirse. Le pasa como al pobre hombre invisible, que tiene que vendarse para que lo vean. En unos grandes almacenes alguien lo oyó hablar y le dijo: ¿usted no es el que sale… perdón, el que no sale en Saber y Ganar?

A veces llaman a Pilar “señorita Pilar”. ¿De verdad está soltera una mujer tan guapa?

No, no… No es soltera. Qué va. Felizmente casada y madre. Lo siento.

El olvido es un mal de nuestra época y su programa representa lo contrario. ¿Qué piensa del olvido?

Ahora las nuevas generaciones, al ser digitales, parece que no tienen que memorizar datos. Que no hace falta ser esponjas. Pero las cosas que uno tiene en la cabeza son riqueza y conforman el criterio. Internet en parte va contra el criterio. A la vez es fantástico, tú me llamas para para entrevistarme y yo puedo saber que has escrito libros. Pero por otro lado el olvido se ha popularizado y no hacemos el esfuerzo de absorber datos, porque están al alcance del clic. Pero sin saber se pierde en Saber y Ganar.

En esta época la fama dura dos días y es vertiginosa. ¿Qué otras cosas se deben cocer a fuego lento?

Yo voto por no tener que responder inmediatamente los whatsapp. Parece que si no te contestan en 10 segundos te hacen un feo. No vamos a volver a la mensajería amanuense, pero la impaciencia es muy mala. Hay cosas que es mejor meditar antes de soltar, y el medio parece que obligara a lo contrario.

Aunque se solapa al telediario, Saber y Ganar es ajeno a las calamidades. ¿Alguna vez se ha planteado ensuciarlo más de actualidad?

No, porque hay que distinguir mucho y separar cosas como la corrupción de las cosas buenas de nuestro programa. Tenemos un espíritu didáctico. Explicamos cosas de las que no habla nadie. Usamos la sección de El Duelo para hacer homenajes a personas célebres que han fallecido, como Bigas Luna o Margaret Thatcher, y de esta forma nos acercamos un poco a la actualidad.

¿Alguna vez siente la necesidad de dar un mensaje político como hace Arguiñano de vez en cuando?

Los he hecho y los he dado. El que ganó este año los Magníficos está en paro. Había trabajado en mil cosas. Dije: Espero que pronto encuentres trabajo y que se valore todo lo que has demostrado aquí. Otro magnífico, Victor Castro, es filólogo alemán y habla varias lenguas. Estuvimos muchos días juntos. Cada día le preguntaba en antena si había encontrado trabajo. Estaba pendiente de mil cosas y nunca salía. “Pues vete a Alemania o yo qué sé”, dije yo. Y estos mensajes los he dado varias veces. No llego a la intensidad de Arguiñano porque en la tele pública hay que respetar a todo el mundo. Te puedo decir que si España no investiga más, vamos a estar en una inferioridad total. ¿País de servicios? Así no vamos a ninguna parte.

Usted emplea la exagerada simpatía con los tímidos, ¿funciona siempre?

Si trabajas en comunicación, una de las bazas es la simpatía. Hacemos preguntas muy sesudas con una sonrisa. El presentador no deja de ser un personaje. Por la calle soy más normal, no entro al supermercado y digo (poniendo voz de Saber y Ganar): “Buenos días, amigos y amigas, qué tal anda de precio el berberecho, ¿eh?” Los tímidos… algunos concursantes se acojonan en el plató, por la mecánica, por las preguntas, hay personas que al darles la mano están heladas. Intentamos  hacer de psicólogos, romper el hielo, también entre una prueba y la otra cuando estamos parados. Que esto no es un examen ni una oposición.

Siempre me ha llamado la atención la absoluta falta de cinismo de Saber y Ganar, que a veces roza la ingenuidad. ¿Qué piensa usted del cinismo?

El cinismo es muy inteligente. En una situación como la actual hay que ser un poco cínico para resistir. Nosotros vamos a un horario muy familiar y protegido. No queremos ofender a ningún colectivo, damos una imagen muy respetuosa. Es uno de los éxitos del programa, aglutinar a gente muy diversa. Luego en la intimidad, ¿quién no se permite un poco de cinismo con la que está cayendo?

¿Usted no se cansa? ¿No quiere cambiar de registro?

Cómo vas a estar cansado de tener trabajo. Hay que ser un desalmado. En dieciséis años hemos visto nacer y morir tantos programas… Que sigamos es maravilloso. El premio Ondas me puso loco de alegría. Pensaba: “no te lo van a dar nunca porque como estás en la 2…” Pero fue tremendo. Qué bonito. Vino en un momento en que estábamos muy mal, en plena crisis, y la continuidad del programa me llenó de alegría. Soy un hombre feliz en su trabajo y espero que esto siga.

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