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Publicada originalmente en Primera Línea

Publica El luminoso regalo en Alfaguara. Es una novela que retrata sin piedad la guerra del sexo entre hombres y mujeres. Un seductor empedernido se topa con la hormona de su zapato, una mujer que es monstruo sexual. Y yo me encuentro con Manuel Vilas en un bar y nos ponemos hasta arriba de gintonic para hablar con contundencia de su libro.

¿Conviertes el sexo en santidad?

Claro, es que el sexo no se puede banalizar. Es una cosa muy importante. El sexo y el erotismo son la gran pesadilla y la gran maravilla del hombre. Todo el mundo es erótico: esas chicas que están ahí son eróticas, el semáforo es erótico, ese tío de las gafas es erótico, ese otro con ese jersey que se ha arreglado para que la gente lo vea guapo, es erótico, todo es erotismo.

¿Te parece que estamos todo el rato cortejando?

Todo el santo rato.

¿Y en España te dicen que eres un salido si dices esto?

Si eres francés o estadounidense te dejan decirlo, como se lo dejan decir a Charlotte Roche, la autora de Furores íntimos, por ejemplo.

Has escrito sobre follar y no sobre amor.

Ya lo dice Bataille, cuando la gente habla de sexo, el sexo es también abyección. La gente dice “hacer el amor”, el esquema lingüístico del sexo lo dice todo. El verbo follar es soez. La expresión “hacer el amor” es eufemismo. O te quedas corto o te pasas. Hay expresiones muy graciosas, como “me he acostado con”. Esa es hospitalaria. Hay una muy chula, que es “tengo un lío con”. Esta está bien. Se sabe que follaron pero no es soez. Mantiene la fuerza del sexo.

¿Qué me dices de la insatisfacción permanente, lo de “quiero follarme a todas”?

Es un atavismo de la especie. Por eso hago una novela de sexo masculino. El protagonista quiere follarlas a todas, tener toda la especie a su servicio y a su disposición. Los hombres desean a todas las mujeres de la tierra, es el mandato de la especie.

¿Ese ansia por poseerlo todo es lo que hace que digas que el sexo es capitalismo?

Nos han impuesto la fidelidad precisamente porque nuestro impulso sexual es cavernario y los poderes no podían tolerar ese caos maravilloso; la represión fundó la civilización.

El protagonista escribe para follar más. ¿Los escritores españoles son unos malfollados?

El sexo es un tema que no se trata demasiado en la narrativa española. Se trata la Guerra Civil, hay inflación de novelas sobre eso, pero sobre sexo no hay novelas. Y la gente lo que intenta hacer es follar, no combatir a las trincheras del Ebro o el frente de Teruel. Ahora hay que escribir de la crisis y yo he escrito sobre erotismo. La crisis verdadera es negar el sexo como el fundamento del mundo.

¿Recibir el Nobel es follar más?

Si a ti te dan el premio Nobel de literatura lo que tienes que hacer es seducirlas a todas, y comer y pasártelo bien, no vas a estar todo el día escribiendo. La literatura se basa en la conquista del lector, es seducción.

¿Escribes en estado de trance?

Escribo esto recién enamorado.

¿Y qué dices del matrimonio?
Una forma de dar cobertura sociológica al enamoramiento. Es una empresa de auxilios mutuos, de dos contra el mundo. Pero ya es una formulación antigua. Tener pareja es la misma empresa.

Háblame del concepto de capitalismo asociado al sexo en tu libro.

Tú te puedes enamorar de una mujer de puta madre pero a los pocos meses de estar con ella te puede vender, o tú a ella. Te puede vender por un puesto de trabajo mejor, por un piso mejor… La lealtad es mejor que la fidelidad. La lealtad es una virtud y la fidelidad puede ser represión; la lealtad es grandeza. Pero yo creo en el amor. Aunque en mi novela los personajes no crean. Es una obra de ficción pura.

¿Qué indica ese capitalismo sexual de tu libro?

El poder de las mujeres sobre los hombres es extraordinario. Una mujer guapa y rubia y tal puede destrozar a miles de hombres. Eso hace la antagonista de mi novela. Si se lo propone, tiene el poder para hacerlo.

¿Podemos superar que otro se haya follado mejor a nuestra mujer?

Imposible. Podemos superar que otro tenga más dinero, que sea más guapo. Pero que folle mejor o la tenga más grande, no. La mujer tiene el poder de decir: nadie me ha follado así. Aunque sea mentira. Lo oyes y te crees Dios. Y el día que te deja no entiendes nada. Ves al tío por el que te ha dejado y te vuelves loco calculando si la tiene más grande. Las mujeres administran su coño con sabiduría. Y deciden quién entra y quién no entra sabiendo muy bien lo que hacen.

Como en el capítulo Roma de tu libro.

Sí, cuando habla un coño y dice: “mira, ya no entras. Échate una paja si quieres o si quieres te la meneo, pero no entras más.”

Y no cuadra, ¿no?

Por eso las mujeres vuelven locos a los hombres. Esto parece políticamente incorrecto pero es así: muchas mujeres han vuelto locos a los hombres. La hermosura, la belleza… genéticamente estamos predispuestos a la derrota.

¿Resisten mejor las desgracias del amor?

Yo creo que sí. Los hombres adelgazan, se dan al alcohol, si eran buenos en su trabajo flaquean… Las mujeres se recomponen, están protegidas por la naturaleza. Hombre, hablo de la generalidad.

¿Por eso los locos las matan cuando las van a dejar?

Eso es nauseabundo, eso es otra cosa. Estaba pensando en los enamorados a quienes se abandona. Mujeres y hombres, aunque en mi libro sea un hombre.

¿Es lo que simboliza el personaje de la Bruja?

Claro. El poder absoluto. Es una mujer que puede engañar a los hombres, hacerles creer una cosa cuando en realidad es otra. Disfruta con ello, es su modo de vida.

Y el seductor Víctor Dilan no tiene nada que hacer. Ni con Casanova y Jesucristo de su parte.

No. No tenemos nada que hacer. Todos queremos a alguien a nuestro lado. Necesitamos el erotismo, el radiante erotismo.

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