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Aquí van las columnas que he publicado durante enero de 2014 en El Confidencial, de la última a la primera:

Pajas mentales (31 de enero)

ABC publicaba esta semana, fiel a tradición, aunque no sé a cuál, una serie de consejos para salvar a la muchachada de una muerte segura por exceso de pajas. Yo llevo dos días pensando. Vuelvo a leer el texto una y otra vez. En mi caso, la lectura compulsiva de este artículo ha terminado sustituyendo a la masturbación… (Sigue leyendo aquí)

El reino de la hemiplejia (24 de enero)

Estos son los bienes que heredo de mi familia: pazos de artritis congénita, tapias de sordera, latifundios de miopía, secanos de calvicie, orejas de soplillo como blasón y tendencia a discutir a gritos como en la comida familiar de Amarcord. Pero el mejor es la inmunidad a las ideologías. Creo que eso salda el peso tétrico del resto del patrimonio familiar. (Sigue leyendo aquí)

Novísimas ideas para políticos (17 de enero)

Trillo era un maestro en el arte de echar humaradas ante los periodistas. Su marcha de la primera línea de fuego se ha sentido mucho. Desde que se fue, no resulta tan divertido ver a los políticos eludir respuestas. Con Trillo era placentero contemplar cómo la atención mediática se centraba en cualquier detalle insustancial y se alejaba del gran elefante rosa que había metido en el despacho. (Sigue leyendo aquí)

El mensaje de Gamonal (14 de enero)

Hace tiempo que oigo en los taxis, en los bares y los mercados de abastos comentarios incendiarios. Los oigo brotar como llamarada de los labios de una jubilada con pinta adorable, convertida en dragón por el padecimiento de hacer la compra, con una pensión de 500, para el hijo de cuarenta, la nuera de treinta y dos y los dos nietos de nueve y seis. Los cuatro en paro, niños incluidos. Le dice a la otra señora que hace cola con ella: – Pos ya le podían meter una bomba a ________. Dejo la línea de puntos como en un curso de terrorismo por correspondencia. (Sigue leyendo aquí)

Por otras veinte mil de Alcántara (10 de enero)

Pero de todos los textos del periódico, la columna es la que más le debe a los barmans. La redacción de una columna boga entre el frenesí y la resaca. Se escribe entre el ayer, polvoriento de pasillos municipales y espesura de leyes orgánicas, y el mañana. Este es el tiempo que Dios entregó a los borrachos del mundo y a los columnistas. Quizás sea una coincidencia. Gerardo Diego definió al columnista como un salvador de instantes y un cantor de lo cotidiano. (Sigue leyendo aquí)

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