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Mi entrevista a Elvira Lindo, aparecida (sólo en papel) en la revista Primera Línea de abril, en la sección ¿Puedo tratarle de usted?

Elvira Lindo

Caricatura de Joaquín Aldeguer

¿Puedo tratarla de usted?
Llámame de usted, no conseguirás con eso hacerme mayor.

¿Tener un criterio propio puede salir muy caro?
Tener un criterio propio divide a los que te juzgan en dos: los que creen que eres maravillosa y los que piensan que eres gilipollas.

¿Así que el criterio propio funciona como un cutter moral?
Es un atrevimiento, lo ha sido siempre. Pero es inevitable, yo he sido libre desde pequeña. Lo llevo en mi código genético. No me gusta que me manden lo que tengo que opinar, ni lo que me tiene que parecer exquisito. Voy por libre, pero no presumo de ello. Es una cuestión de carácter que no puedo evitar. Y a veces soy víctima de mi propio carácter: quisiera saber controlar mis impulsos.

¿Es un signo de madurez parecerse a uno mismo cuando era niño?
Lo es. Cuando menos me he parecido a mí misma ha sido en la adolescencia. Me inventé un aforismo para eso: “La adolescencia es una enfermedad que se cura con el tiempo”

Yo tengo otra definición: es la transformación grasienta del niño en adulto.
La tuya es más científica, se complementan. Pero el adolescente ha sido idealizado, su arrogancia, sus manías, su desprecio al adulto… Salinger contribuyó a eso, aunque de manera maravillosa.

Me decía que no conseguiré ponerle años. ¿No hace un poco viejo a Manolito Gafotas que le pongan su nombre a un parque de Carabanchel?
Manolito es un niño eterno en el que caben todos los niños que en el mundo ha habido.
Y me encanta lo del Parque Manolito, me emociona, me llena de alegría.

¿Obligarán a entrar a los niños sin móvil y con un libro?
En España todo va muy lento, incluso cuando quieres donar algo. Yo pensaba, bueno, pienso, tratar de donar una escultura para el parque. Me encantaría que la gente usara los móviles para hacerse fotos con el personaje.

Donar va lento, menos con Hacienda, ¿no?
Sí, es paradójico: tener iniciativas culturales no es fácil. Te ponen problemas o creen que lo haces para promocionarte… Yo qué sé. Qué país más complicado.

¿No se entiende mejor España desde Nueva York?
España es muy difícil de entender y de explicar. Los americanos sienten una gran simpatía hacia España, vamos, los que yo conozco, y eso me asombra: nosotros, los españoles, no la compartimos. Echamos pestes de nuestro país, aunque luego siempre queramos volver a él. Creo que hay algo en común entre Irlanda, Italia, España… Probablemente, sea que somos países pequeños y de una sola religión que ha ejercido mucho peso en nuestra cultura. En cuanto a la distancia… me ha hecho entenderme mejor a mí misma.

¿Es que estaba usted traducida al inglés?
Ah, no, en ese aspecto me entiendo más en español. En inglés fui cruelmente censurada por las normas de corrección política que asisten a los niños americanos. Me refiero a mis libros, ahora. Mis libros sufrieron grandes tijeretazos.

Es que se soba mucho a los niños en Manolito Gafotas.
Se le soba… ¡y hay bromas escatológicas!

¿No le da vergüenza?
Tengo poca para el humor. Y mira que siendo mujer el humor es una profesión de riesgo.

También tiene sus libros en Irán. ¿Me irá a decir que allí le meten menos tijera que en América?
Pues no me meten ninguna tijera, porque a pesar del peso de política y religión hay una clase media que se parece mucho a la nuestra. Soy muy popular allí, no estoy de broma.
Y tengo correspondencia con iraníes. Lectores estupendos.

Le iba a preguntar qué daría para quitarse un tópico de encima, pero me acaba de quitar a mí uno. ¿Qué le dicen las iraníes?
Pues que les encantaría que fuera allí, me hablan de mis personajes, me hacen entrevistas… Me tratan con enorme respeto, valoran mucho el humor porque ellos dicen que en su literatura para jóvenes el humor está muy poco presente. Me enteré de la repercusión de mis libros porque empezaron a escribirme lectores. Resulta que ellos pasan del copy right y por eso yo no había firmado contrato. Pero el libro tenía críticas y todo. Y los lee mucha gente. Tengo desde entonces lectores agregados en Facebook. Y te aseguro que tienen mucha información y gustos parecidos a los nuestros.

También es guionista. ¿Los Goya son premios de consolación?
¿Los Goya? De consolación por nuestra casi inexistente industria.

¿Sus deseos son órdenes, desórdenes u órdagos?
Mis deseos… No puedo quejarme. La vida me ha dado más de lo que deseaba. Depende a la naturaleza de los deseos a la que te refieras…

¿Qué tal los de naturaleza pública, en plan discurso de Miss España?
Para el mundo… el mundo es demasiado grande para mí. Prefiero desear cosas concretas, en esas cosas pongo mucha energía. Trato de mejorar el mundo que abarco. Mi mente no da para los pensamientos globales.

¿Entonces estar bien consiste en tener más planes que ambiciones?
Está bien visto así. Este es el tipo de entrevista en que el entrevistador contesta mejor a las preguntas que el propio entrevistado.

Va, una pregunta idiota: ¿celeste es un color?
Y Lina Morgan es siamesa.

Huyamos hacia la amable política. ¿Gallardón prohíbe el aborto porque no puede prohibir follar?
Será que quiere follar él solo. No creo que en ese verbo Gallardón se haya puesto límites a sí mismo. Yo creo que, al margen de las razones ideológicas, se trata de un problema de soberbia. Comenzó con esto y ahora no sabe apearse del burro. Es un cínico, un hombre nacido de la derecha que quiso coquetear con la izquierda. Puedo equivocarme pero creo que es muy difícil que salga de esto airoso.

¿No es curioso que precisamente quien prohibe el aborto nos la haya metido doblada a muchos?
Ya te digo: soberbia. Gallardón echó la caña en muchos charcos. Y eso acaba saliendo mal. Raro sería que Rajoy contara con él para un futuro gobierno. Aunque… Rajoy también es un misterio insondable para mí, puede que incluso para él mismo.

Está como muy en boga el discurso feminista ahora. Y le pregunto: si usted se convirtiera en mujer objeto, ¿en qué objeto se convertiría y para qué?
En una gardenia para que se la pusiera en el pelo una cantante de jazz. Una gardenia de seda.

¿Mejor gardenia que mujer florero?
¡Claro! La flor de seda no se muere, y me hubiera gustado ser cantante de jazz.

¿Cuando un tema le obsesiona lo escribe y así pasa página?
Yo soy muy obsesiva, pero los temas muy íntimos suelo rumiarlos en silencio; los que se pueden airear me ayudan a escribir artículos. Me gusta dar una imagen alegre. Soy pudorosa con los sentimientos.

¿En sus novelas están cifrados los íntimos sólo para ojos muy expertos?
Sí. Aunque en la novela “Lo que me queda por vivir” el lector se empeñó en ver mi vida calcada. Y no está calcada. Está inspirada en alguien que se parece a cómo fui en una época determinada.
Ahora estoy escribiendo algo de verdad personal, sin esconderme tras ningún personaje.

¿El lector es un espejo deformante?
El lector desearía que le contaras siempre el mismo cuento, pero a mí no me gusta repetirme. Prefiero decepcionar. Y me canso de mí. Me disfrazo todos los días. Cada día voy vestida de un personaje. Pero tener lectores me ha reconciliado conmigo misma.

¿Qué le ha enseñado Elvira Lindo a usted de sí misma? Mismamente.
¿La escritora? Me enseña mucho cuando escribe. Estos días me hace reflexionar sobre los que me criaron, a los que les debo lo bueno y lo malo que soy. Me enseña que no soy resentida ni rencorosa. Que puedo aceptar mi pasado tal como fue.

 

 

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